Liopleurodon
Significado del nombre:
dientes de bordes lisos
Período de vida:
hace 166–155 millones de años
Período:
Período Jurásico
Hábitat:
Ambiente de agua de mar
Taxonomía:
Los reptiles marinos
Países:
El liopleurodon fue uno de los depredadores marinos más temibles del período Jurásico. Este gigante pertenecía al grupo de los pliosaurios y vivió hace aproximadamente 166–155 millones de años, cuando en el territorio de la actual Europa se extendían mares cálidos y poco profundos salpicados de islas.
En aquellas aguas antiguas, el liopleurodon era el verdadero dominador. Su longitud alcanzaba entre 5 y 8 metros y, según algunas estimaciones, incluso hasta 10 metros. Los ejemplares de tamaño medio pesaban alrededor de 1–1,7 toneladas, pero los representantes más grandes podían superar las 7 toneladas, tanto como pesa un elefante adulto. Su cabeza, de un metro y medio de longitud y provista de largos dientes cónicos de 20–25 centímetros, convertía a este reptil en un animal extremadamente peligroso. Con una sola mordida poderosa podía despedazar a una presa de varios metros de longitud.
El liopleurodon se desplazaba mediante cuatro potentes aletas de casi dos metros de longitud, que funcionaban como las alas de un «pingüino» bajo el agua. Un estallido de energía le permitía lanzarse instantáneamente hacia delante y alcanzar a un pez o a otro reptil marino. Los científicos no descartan que, durante los períodos de escasez de alimento, los liopleurodones se acercaran más a la costa y atacaran a dinosaurios desprevenidos que se internaban en aguas poco profundas.
El olfato de este antiguo depredador era extraordinariamente agudo. Gracias a la estructura especial de sus órganos sensoriales, el liopleurodon podía detectar el olor de una presa a muchos kilómetros de distancia y determinar con precisión la dirección de la que procedía.
Al igual que las ballenas o los delfines actuales, el liopleurodon respiraba aire: tenía pulmones, no branquias. Periódicamente emergía a la superficie, realizaba una inhalación profunda y volvía a sumergirse en la columna de agua, donde permanecía oculto a la espera. Sus cacerías nocturnas eran especialmente peligrosas: bajo la protección de la oscuridad, el gigante se aproximaba silenciosamente a su víctima sin dejarle la menor posibilidad de escapar.
Un depredador de este tipo prácticamente no tenía enemigos. Solo otros pliosaurios todavía más grandes podían representar una amenaza. Es posible que, al igual que algunos mamíferos marinos actuales, los liopleurodones protegieran sus propios territorios de caza e impidieran la entrada de competidores.
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