Diplodoco
Significado del nombre:
doble viga
Período de vida:
hace 154-152 millones de años
Período:
Período Jurásico
Hábitat:
Desiertos y semidesiertos
Taxonomía:
Los sauropodomorfos
Países:
El diplodoco es uno de los gigantes más reconocibles del período Jurásico y un verdadero símbolo de la era de los dinosaurios. Este saurópodo saurisquio vivió hace aproximadamente 150-138 millones de años y causaba asombro por sus dimensiones: la longitud de un ejemplar adulto podía alcanzar los 30 e incluso los 32 metros, casi como dos autobuses modernos colocados uno detrás de otro.
El diplodoco se desplazaba sobre cuatro poderosas extremidades semejantes a columnas. Las posteriores eran ligeramente más largas que las anteriores, lo que proporcionaba al cuerpo una inclinación característica. A pesar de sus dimensiones colosales, el cerebro del diplodoco era diminuto, no mayor que un huevo de gallina. Evidentemente, la inteligencia no era su principal fortaleza, pero su cuerpo gigantesco y su largo cuello lo hacían perfectamente apto para la vida pacífica de un gigante herbívoro.
El diplodoco se alimentaba principalmente de vegetación blanda: helechos, equisetos y brotes de coníferas. Sus dientes, finos y alargados, tenían forma de lápiz y se encontraban únicamente en la parte anterior de las mandíbulas. No estaban destinados a masticar, sino que funcionaban como un «peine» con el que el dinosaurio arrancaba hojas y brotes. La digestión se producía en un estómago poderoso, que contenía piedras llamadas gastrolitos, utilizadas para triturar la materia vegetal, así como en un intestino largo.
La principal «herramienta» del diplodoco era su cuello, de unos siete metros de longitud y formado por 15 vértebras. Este permitía al dinosaurio alimentarse en una amplia superficie sin dar pasos innecesarios, lo que ahorraba energía. Ante el peligro utilizaba otro «argumento»: una cola larga y flexible, formada por 80 vértebras y semejante a un látigo. Un golpe con ella podía derribar e incluso herir mortalmente a un gran depredador. Además, el diplodoco podía alzarse sobre las extremidades posteriores y golpear con las anteriores, provistas de garras afiladas.
Pocos animales podían amenazar a los diplodocos adultos, algo que no ocurría con las crías. Probablemente, las hembras depositaban huevos del tamaño de un balón de fútbol en los límites de los bosques y los enterraban en el suelo, abandonándolos a su suerte. Cuando las crías nacían, tenían que correr hacia un refugio para escapar de depredadores como los alosaurios. Las que sobrevivían crecían con una rapidez extraordinaria —aumentando hasta una tonelada al año— y pronto se convertían en gigantes que pastaban pacíficamente entre la vegetación prehistórica.
Los diplodocos se extinguieron hace unos 145 millones de años, al final del período Jurásico. Las causas de su desaparición no están completamente claras: es posible que la vegetación cambiara y el alimento se volviera más escaso, o quizá aparecieron depredadores nuevos y más ágiles que impedían que los diplodocos jóvenes llegaran a la edad adulta. En cualquier caso, los diplodocos quedaron para siempre como símbolos del poder y la majestuosidad del mundo prehistórico.
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